Mi primer año sin ansiedad, ¡lo conseguí!

La vida sin ansiedad

Esa de la foto soy yo. Desde luego no es mi mejor foto (ni siquiera se me ve la cara), pero me gusta especialmente. Cuando la miro recuerdo aquel día, el sitio en el que estaba y cómo de bien me sentía. Con el pelo despeinado por el viento y los pies colgando, sentada al borde de un precipicio. Disfrutando del paisaje y muy feliz. No me veo la cara, pero sé que sonreía.

Procuro recordar constantemente momentos como el de la foto. Cuando lo has pasado mal durante tanto tiempo te cuesta creer que puedes estar bien. A veces cuando estoy en una situación que antes me hubiera provocado ansiedad, me siento rarísima. Me pregunto: ¿Siento ansiedad? No. ¿Cómo es posible que esté tan tranquila? A ver… no, ni un poquito de nervios, guauuu. Para que veáis hasta qué punto podemos llegar a acostumbrarnos a estar mal, nos resulta increíble estar bien.

Escribo este post porque hace mucho que no os hablo de mí y de mi ansiedad. Porque sí, la ansiedad siempre va a ser parte de mi vida, aunque no vuelva a sufrirla (ojalá). Y últimamente sois muchas las que me escribís contándome que estáis pasando por lo mismo que he pasado yo, así que no quería perder la oportunidad de aseguraros que todo se pasa.

No puedo dar un consejo maestro que lo solucione todo por arte de magia, no lo tengo. ¡Y anda que no me gustaría! Cada ansiedad es distinta, como su dueño. Pero todas tienen algo en común: hay que ir poco a poco. Tan poco a poco que parece que no estás avanzando nada. Despacito. En estos años conviviendo día a día con la ansiedad he aprendido que es la única manera de hacerlo. Enfermedades como la depresión y la ansiedad requieren de mucha paciencia y trabajo personal.

Para mí la clave ha sido dejar de luchar contra la ansiedad. Dejar de enfadarme conmigo misma cuando me encontraba mal, dejar de asociar la ansiedad con mi personalidad. En lugar de resistirme a ella, aceptarla. Dejar que viniera sin intervenir, observarla y tratar de entenderla. La ansiedad no me define. Puedo asegurar que esto no es nada fácil, es un ejercicio complicadísimo. Hay que ser fuerte y aguantar en los momentos duros, aunque lleves muchos días mal. Yo siempre he confiado en que un día estaría bien, siempre fue mi meta y es por lo que he luchado.

Así que ahora que se cumple un año desde que volví a ser yo misma (tampoco os podría decir el momento exacto porque no lo tengo apuntado, lógicamente), estoy muy orgullosa. Orgullosa y contenta mientras miro atrás y recuerdo todo lo que ha ocurrido, cada momento de m*****, cada lágrima, todos los pensamientos negativos.

Deseo de corazón que un día no muy lejano las enfermedades mentales dejen de ser tabú. Que se vean como algo normal que desgraciadamente le ocurre a más personas de las que pensamos. Espero que nadie tenga que volver a esconder sus sentimientos ni su dolor, y que haya gente a su alrededor dispuesta a ayudarle. Yo siempre hablaré de ello como si fuera lo más normal del mundo, es mi manera de aportar mi granito de arena.

Que este sea el primer año de muchos más.

Me llamo Gemma y soy una apasionada del craft y de la vida simple. En Wasel Wasel encontrarás inspiración para tus proyectos de punto, organización con el sistema bullet journal y mis aventuras en el mundo del minimalismo.

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