Minimalismo aplicado: cocinar y comer

Minimalismo aplicado: comer y cocinar

Junto con el sueño, la alimentación me parece una de las cosas más importantes que hacemos cada día. Lo repito constantemente, pero comer bien no es una opción: es la gasolina que le pones a tu cuerpo, y al igual que la de tu coche, quieres que sea la mejor posible para que funcione correctamente. Nunca entenderé a quienes van al super y cogen lo primero que encuentran, sin pensar en nada más. Hace poco estuve hablando en otro post de esta misma serie sobre cómo hacer la compra de manera más consciente y éste post es como una especie de continuación.

Ponemos mil excusas para justificar la mala alimentación: no tengo tiempo de cocinar, no tengo ganas, es que como en el trabajo cada día, es que llevarme la comida todos los días es difícil… y así hasta el infinito. Y terminamos comiendo lo primero que cae de la nevera al abrirla, pidiendo comida a domicilio (seguramente no del tipo saludable), o comprando algo preparado. Lo sé, cuesta cambiar este hábito, yo también he estado ahí. Pero al contrario que muchos otros hábitos que nunca conseguimos crear, cocinar para comer bien es fácilmente alcanzable. Porque al poco tiempo de empezar ves cambios, y tu paladar lo nota desde el principio, así que la recompensa es prácticamente instantánea :)

Voy a suponer que habéis leído el post mencionado arriba, por lo tanto ya sabéis como nos organizamos en casa para comprar, etc. Y ahora imaginemos que la comida que es el momento de planificar lo que comeremos la próxima semana. Nuestra situación es la siguiente:

Hay que preparar comida para 5 días (de lunes a viernes, los fines de semana cocinamos “en directo” porque tenemos tiempo y así aprovechamos para comer cosas distintas y probar nuevas recetas).

Una de las dos personas come fuera de casa y por tanto tiene que llevar tupper cada día entre semana. Así que todo debe estar listo para comer y no requerir preparación.

Planificar las recetas y menús

Una de las claves para comer bien cada día casi sin esfuerzo es planificar el menú con antelación. En serio, esto es más importante que el día en que cocinas. Aquí se concentra el grueso del esfuerzo.

Primero tienes que decidir qué tipo de comida quieres comer. Por ejemplo, aquí somos bastante tradicionales, sabemos de sobra que la cocina tradicional es saludable y aporta todos los nutrientes que necesita nuestro cuerpo, ¡y nos gusta! Mi madre es cocinera, así que me he criado “comiendo bien”. Comer de plato caliente cada día es lo normal para mí, pero no tiene por qué serlo para ti. Si bien es cierto que también conlleva otra ventaja, y es que normalmente si haces lentejas sueles tener para más de un día, con lo cual siempre tienes un plato extra para otro día de la semana ;)

Sea cual sea tu gusto, deberás escoger un número de recetas que te permita por lo menos comer cosas distintas durante un período de dos semanas, para no repetir con mucha frecuencia. Si quieres, puede ser más (aquí nos va bien con no repetir comidas durante dos o tres semanas). Piensa también si te importa repetir plato durante la semana o si prefieres mucha variedad.

Apunta todos los platos que hayas elegido y los ingredientes que necesitan, para poder pasarlos luego a la lista de la compra. Si empiezas a organizarte de esta manera, es mejor que dediques unas páginas en tu bullet journal o agenda para anotar los menús, hasta que te salga solo. Tener esta lista de menús viene genial para cuando no sabes qué cocinar una semana o te quedas sin inspiración.

El día D

Nuestra meta respecto a la cocina y la comida diaria es simplificar. De nada nos serviría tener los menús organizados si todos los días nos tocara dedicar horas a prepararlos. Así que lo hacemos todo en una mañana. Sí, la comida de toda esa semana, de una sola vez. Cuesta prácticamente el mismo tiempo y esfuerzo. Normalmente ocupamos todos los fuegos de la cocina, y en cada uno preparamos una cosa diferente. Nuestro día para esto es el domingo por la mañana, pero puede ser el que mejor te venga a ti.

El tiempo invertido es mínimo aunque parezca lo contrario. Una vez que todo está en el fuego solo hay que ir controlando el tiempo de cocción, y mientras tanto puedes seguir haciendo otras cosas por casa. No requiere de toda tu atención. Un domingo típico en nuestra cocina significa por ejemplo preparar una olla de lentejas, una de menestra de verduras, un guiso de carne y un plato de pasta. En menos de tres horas hemos resuelto las comidas de toda la semana, fácil.

Personalmente, me encanta poder pasar la mañana trabajando y solo tener que calentar la comida (saludable y hecha en casa) cuando es la hora. Es algo de lo que sé que no tengo que preocuparme cada día. Y me hace muchísima gracia cuando alguien me dice “No sé qué voy a comer hoy”, porque hace años que no me hago esa pregunta, jajaja.

Nota: para las cenas lo hacemos de forma distinta. Ahí sí que no nos importa prepararlo el mismo día porque solemos cenar ligero y no tardamos mucho en preparar los platos. Pero se puede aplicar la misma fórmula que en las comidas.

Conservar la comida y hacerlo bien

Otro paso importante. Si cocinas mucho y luego no puedes mantener la comida en buen estado… estamos igual que al principio. Y todo comienza cuando los alimentos llegan a casa. Además de intentar comprar teniendo en cuenta el envase de cada ingrediente y su procedencia, podemos hacer mucho a la hora de conservarlos.

Aprende cómo funciona tu nevera y almacena los alimentos en la zona que más convenga. Recuerda no llenar la nevera hasta los topes para que el aire frío pueda circular bien entre los alimentos.

Transfiere todo a recipientes de cristal, Pirex o acero, usa papel encerado para envolver verduras y frutas. Hay muchas opciones para evitar el plástico. Yo reciclo todos los botes y botellas de cristal que caen en mis manos.

Hazte amiga de tu congelador. Sasi todo se puede congelar sin que su sabor o nutrientes se vea alterado. Puedes hacerlo para el día a día o para guardar raciones sueltas que queden durante la semana (y así evitar cocinar uno de los platos de otra semana).

Acostúmbrate a no tirar nada de comida. Si no vas a comerlo inmediatamente pero crees que puede estropearse pronto, cocínalo, haz un puré o lo que se te ocurra, y congélalo. En serio, 88 millones de toneladas de comida se tiran cada año solo en Europa, ¿no te parece suficiente?

Uf, creo que he hecho un buen resumen de nuestro sistema (de todas formas, podéis dejarme cualquier pregunta en los comentarios). Llevamos casi tres años haciendo lo mismo y nos ha quitado un montón de estrés encima. Además, al tener la comida lista cada día evitas las tentaciones de comer otras cosas menos sanas. Quizá este post debería estar en la categoría de organización, pero para mí tiene mucho que ver con el minimalismo porque hemos simplificado todo el proceso de algo muy importante como es la comida consiguiendo comer bien y que no sea un quebradero de cabeza.

¿Cómo lo hacéis vosotras?

Me llamo Gemma y soy una apasionada del craft y de la vida simple. En Wasel Wasel encontrarás inspiración para tus proyectos de punto, organización con el sistema bullet journal y mis aventuras en el mundo del minimalismo.

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