Minimalismo aplicado: cambio de hábitos

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Durante estos últimos meses me he hecho muchas preguntas sobre el minimalismo. Llega un punto en el que has puesto orden en todas tus cosas, en el que te has deshecho de todo lo que sobraba (relaciones personales incluidas) y en el que de repente te queda mucho tiempo y mucho espacio libre que disfrutar. Entonces te preguntas qué es lo siguiente. ¿Cómo puedo profundizar más en el minimalismo? ¿Hay algo más?

Creo que la mayoría de veces que hablamos sobre minimalismo nos centramos en la parte más práctica y material, la de hacer “limpieza”, y que hablamos poco sobre la filosofía de vida minimalista. En el fondo, me parece a que esto se debe a que cada persona puede entender el minimalismo de una forma bastante diferente. Lo que para mí puede ser una filosofía de vida minimalista, puede no acercarse ni un poquito a lo que entienda por ello otra persona. Solo tenemos que ver ejemplos de minimalistas centrados en el zero waste, mientras que otros por ejemplo compran objetos carísimos sin ni siquiera despeinarse. Para mí todo es respetable, y defiendo que cada uno puede entender el minimalismo de forma distinta. Siempre teniendo en cuenta varios factores comunes, por supuesto.

En mi caso, después de eliminar todo lo superficial y sentarme a reflexionar sobre el verdadero significado del minimalismo para mí, llegué a la conclusión de que tenía que llevar un estilo de vida más saludable y simple. Saludable en cuanto a alimentación, simple en forma de vivir. No solo porque crea que es mejor para mi cuerpo, si no porque va alineado con mi forma de pensar actual. ¿Y esto en qué se traduce en la práctica? En cambiar de hábitos. Este año me he centrado completamente en mejorar ciertos aspectos de mi vida. Me he centrado mucho en la alimentación y en simplificar mi forma de hacer las cosas.

Comer bien para sentirse mejor

No veo posible hacerme vegetariana ni vegana en un futuro cercano (no es algo que quiera ni que me plantee), pero sí he reducido mi consumo de carne al máximo. Siempre me ha gustado más la verdura que la carne, pero ahora procuro que mi alimentación se base en verdura, fruta, semillas, frutos secos… Porque después de investigar un poco, creo que es mejor para mi cuerpo. No es cuestión de mantener la línea ni de calorías, es cuestión de nutrir y alimentar a mi organismo como se merece. También he dejado de consumir lácteos de vaca. No tomo leche desde la adolescencia porque soy intolerante a la lactosa, pero sí tomaba yogur y queso de vaca, que ahora he cambiado por los de cabra u oveja. El azúcar ya sabéis que hace como dos años o más que lo desterré.

Y en definitiva, he dejado de comer mal, aunque solo lo hiciera ocasionalmente. Me fijo mucho en las etiquetas y ya no compro nada ultraprocesado. Hago el pan, el yogur y la leche vegetal (y estoy en proceso de hacer también el queso) en casa, lo que ha supuesto un cambio enorme. Y si ya cocinaba, ahora lo hago el doble. He reservado la comida menos saludable a ocasiones especiales, como cuando comemos fuera o probamos un restaurante nuevo. Ahí sí que pido lo que me apetezca de la carta, pero en mi vida normal, toca comer bien.

La comida es la gasolina de nuestro cuerpo, ¡así que tenemos que darle lo mejor de lo mejor siempre que nos resulte posible! Además, creo que comer de esta forma también es mejor para el planeta.

Vivir de forma simple

Esto es lo que más me ha costado, pero ahora que miro hacia atrás, veo que he hecho cambios muy importantes. Sé que lo que voy a escribir no tendrá sentido para mucha gente, pero yo he estado atrapada en situaciones poco saludables para mí durante muchos años. Con esto me refiero a por ejemplo no saber decir no, no poder dejar de trabajar o hacer “algo” constantemente sin descansar, amistades tóxicas, comportamientos negativos… y la lista sigue y sigue. En fin, que este año me he dedicado a conocerme un poquito mejor y a intentar romper esos patrones negativos. Y no ha sido fácil (en muchas cosas aún tengo que mejorar). De hecho, es mucho más difícil que comer bien, jajaja. Pero todo el esfuerzo merece la pena cuando te vas a la cama por la noche y solo puedes suspirar de satisfacción. El bienestar emocional es importantísimo.

Intento cuidarme mentalmente, mirar por mí, preguntarme con frecuencia si soy feliz o si me estoy complicando demasiado con cosas que no importan. Y hago más cosas que favorecen este tipo de pensamientos, como descansar, dedicar tiempo a mis aficiones, estar fuera de casa simplemente observando el mundo. No necesito nada sofisticado para encontrar la felicidad, y eso solo lo he aprendido practicando.


¿Qué supone el minimalismo después del desorden y de hacer limpieza para vosotras? ¿Cuáles han sido los hábitos que más os ha costado cambiar? Sea lo que sea, recordad que el minimalismo es algo muy personal y que le podemos dar mil matices diferentes :)

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Me llamo Gemma y soy una apasionada del craft y de la vida simple. En Wasel Wasel encontrarás inspiración para tus proyectos de punto, organización con el sistema bullet journal y mis aventuras en el mundo del minimalismo.

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