Cómo ha cambiado mi relación con las compras desde que me hice minimalista

Mi relación minimalista con las compras

Desde que tengo uso de memoria he tenido una relación complicada con las compras. Y cuando digo esto no exagero, sólo os diré que los peores momentos de mi infancia han sido aquellos en los que me llevaban a comprar ropa, zapatos y demás (mis padres pueden corroborarlo). Siempre me he sentido mal cuando iba de compras. Mal emocionalmente y físicamente. Sé que suena raro, pero jamás le he encontrado placer a comprar, a mí me hacía sentir culpable y no lo disfrutaba. Da igual si se trataba de comprar ropa, objetos o comida. Da igual si era algo que deseaba muchísimo tener. O si era algo que necesitaba.

Ahora que lo veo desde cierta distancia, es posible que siempre haya odiado ir de compras porque inconscientemente sabía que comprando no sería más feliz. ¿No os ha pasado alguna vez que queréis algo y hacéis lo imposible por conseguirlo y una vez que lo tenéis sentís que ya no lo queréis? Pues eso. Era una niña que se conformaba con muy poquito, si tenía un cuaderno y pinturas me bastaba, por eso el tener que escoger cosas entre cientos de opciones era abrumador para mí. Y siempre tenía la sensación de escoger lo equivocado, bien desde el principio, o una vez que lo tenía. Esa sensación de la que he hablado unas líneas más arriba.

Esto siguió siendo así durante mi adolescencia y también durante todos estos años anteriores hasta hace bien poco. Concretamente hasta que empecé a interesarme por el minimalismo.

La sociedad y el mundo entero te incitan a consumir, consumir y consumir. Y te ofrecen tantísimas opciones sólo para asegurarse de que al final acabas comprando alguna (y así no te escapas). Tú crees que puedes elegir, pero no es tan fácil. Porque también se encargan de que no tengas tiempo para poder pensar de forma clara sobre lo que es mejor para ti (hola jornadas de trabajo interminables y anuncios de todo tipo). Así que al final acabas comprando, y crees que has hecho bien porque te hará más feliz o resolverá un problema que tienes, pero no. Cuando te das cuenta de que no, vuelta a empezar el mismo proceso. Lo tenemos tan automatizado que ni nos enteramos. Y si dices que no lo has hecho nunca, mientes. ¡A mí también me ha pasado!

Va a sorprenderte que diga esto, pero desde que me he vuelto minimalista, adoro ir de compras. En serio, no es broma. Ahora disfruto muchísimo cuando tengo que comprar algo, y tiene una explicación muy sencilla. Gracias al minimalismo:

No hago compras impulsivas

El minimalismo me ha ayudado a sentirme bien conmigo misma, así que me resulta muy fácil desvincular mis problemas y necesidades de las compras materiales.

He aprendido a diferenciar cuándo quiero algo porque me aliviará instantáneamente (por ejemplo, si estoy triste o desmotivada, etc.) y cuándo es algo que necesito porque cumple una función. Sé que ninguna compra puede suplir una carencia emocional. Si tienes esto interiorizado, tienes resuelta la mayor parte del problema.

Soy capaz de decir “No” y salir de una tienda sin comprar

Siii, incluso de mis tiendas favoritas como Tiger, llenas de cosas que me encantan. Si no necesito algo, ¿por qué comprar nada? Mis compras están muy meditadas y he aprendido que si compro algo sin pensarlo es posible que me acabe arrepintiendo tarde o temprano. A mí no me gusta arrepentirme ;)

Me encanta cuando voy con alguien a alguna tienda y me pregunta si no me gusta nada de lo que veo. Yo respondo que sí, que hay muchas cosas que me encantan, pero que en realidad no las necesito. Y me quedo tan ancha.

Pienso más allá de los objetos que compro

Antes de comprar, me imagino haciendo vida con esos objetos. Tal cual. Pienso en si encajan de verdad con mi estilo de vida, en cuántas veces los usaré a lo largo de la semana o del mes, en cómo encajan con el resto de cosas que ya tengo en casa. Si una de esas visiones falla, lo dejo donde está: en la tienda.

La mejor parte de hacer una compra es la investigación previa

Ahora disfruto del proceso, del camino. No hay compra sin meditación previa. Esto puede adoptar muchas formas, por ejemplo, cuando hago la compra de la semana. ¿Cómo? Planificando los menús diarios. Así evito traer a casa alimentos que luego se estropean porque no he tenido ocasión de consumirlos y todo aquello que es menos sano. Si no está en la lista de la compra o en los ingredientes de la comida de la semana, no lo pongo en el carrito.

Como debo estar muy segura de lo que quiero comprar, el proceso de investigación previo a la compra se convierte en algo interesantísimo. Pienso en las ventajas e inconvenientes de un objeto, en su precio, en su funcionalidad… de manera consciente. Y procuro comparar en varios sitios antes de hacer la compra.

Evito el desorden en casa

Soy muy fan del método Konmari, y todo lo que os he dicho sobre las compras contribuye muchísimo a mantener el orden en casa. Si no estoy segura de que me produce alegría, no entra en casa. Si ya tengo uno igual, no entra en casa. Si no tengo un sitio definido donde irá, no entra en casa.

El desorden está directamente asociado al volumen de cosas que tenemos. Es así. Al final te verás con mil objetos a los que no puedes dedicar todo el tiempo que te gustaría (por lo tanto han perdido su funcionalidad) y sin espacio para guardarlos. Pero si compras conscientemente, esto no sucede.


El minimalismo me ha ayudado a reconciliarme con el acto de comprar. O mejor dicho, me ha hecho aprender a comprar. Por eso ahora me encanta ir de compras. ¡Es increíble que yo lo diga! Siento que es algo que controlo y de lo que soy partícipe de forma totalmente consciente. Que sí, sé que suena raro, porque la mayoría de personas no se plantean absolutamente nada cuando entran en una tienda, pero deberían hacerlo. Porque lo normal no debería ser comprar porque sí, debería haber un motivo, igual que para muchas otras cosas de nuestra vida :)

Y tú, ¿cómo compras?

  • Ruth - A mí siempre me gustaron las compras, ahora cada vez menos, la verdad! Antes era capaz de recorrerme todo el centro viendo las tiendas y volver a pasar por ellas para comprar. Y ya de las compras online ni te cuento. Pero desde hace seis meses me di cuenta que no era feliz con esas compras que pensaba que tanto necesitaba, ropa sin estrenar y armario impracticable, pintalabios con tonos parecidos en los que no se aprecia la diferencia y una larga lista…mi cabeza hizo “clic” y cambió la forma de verlo. Ahora mis compras son más meditadas, pienso si lo necesito y lo voy a usar mucho en cuanto a ropa…respecto a maquillaje o cosmética no compro hasta que no gasto lo que tengo, y así con todo. Y con la comida, voy practicamente al día.
    Pero vivo tranquila, al margen de todas las temporadas de ropa y de novedades de maquillaje, ahorro un poco y sólo invierto en cosas que de verdad tienen importancia para mí :PResponderCancelar

    • Gemma - ¡Bravo Ruth! Así es como debería ser siempre :D Este tipo de consumo es posible, incluso cuando nos queremos dar un capricho (porque podemos escoger uno que de verdad tenga importancia y valor para nosotros a otro que sólo nos “sacie” momentáneamente).

      Esto es una de mis luchas diarias que intento hacer entender a los que me rodean. Presuponemos que consumir de la forma salvaje en la que lo hacemos ahora es lo normal, pero no. No vemos que todo ese consumo te lleva a otras cosas, como por ejemplo a necesitar una casa más grande porque no nos cabe todo (y lo que supone invertir en una casa) o a no encontrar nunca esa felicidad verdadera.ResponderCancelar

  • Tamknitting - Estoy totalmente de acuerdo contigo.
    hace tiempo que de forma inconsciente, o tal vez como instinto de supervivencia me vi desarrollando la misma estrategia que tu.
    Antes hacía las compras de forma compulsiva, es decir, si veía algo que me gustaba me lo compraba inmediatamente, sin pensar siquiera si lo necesitaba o no. Con la sensación de que con ello estaba satisfaciendo alguna necesidad o algún vacío de algún tipo. Y otras veces porque no tenía capacidad para decir que no a un vendedor.
    Cuando llegaba a casa llena de tiestos, aunque sólo fueran detallitos baratos como los de Tiger, me llenaba una sensación de desorden total, como de contaminación de mi espacio vital con cacharros a los que se suponía que debía darles una utilidad o al menos prestarles atención y un tiempo que cada vez era más escaso.
    Sin embargo de pronto, me descubrí a mi misma parándome a pensar antes de comprar, con idea de verificar si se trataba de un acto compulsivo o si realmente necesitaba comprar ese objeto, porque a veces me resultaba muy difícil diferenciarlo.
    Ahora, si pasa un rato y el deseo por poseer ese objeto no desaparece, (tras una “meditación semi inconsciente”en la que evalúo cómo me sentiría si comprara o no ese objeto), entonces vuelvo a la tienda y lo compro.
    He conseguido que mis compras sean más eficientes, no acumular objetos que contaminan mi espacio vital ( tanto físico como mental jaja) y por supuesto he ahorrado y conseguido contener el desorden. La sensación es de liberación total y de control sobre mis decisiones.ResponderCancelar

    • Gemma - Me sigue sorprendiendo que nos cueste tanto darnos cuenta de que esa actitud hacia el consumo no es la adecuada. Y hay que tener mucho cuidadito con las compras “tontas”, como las de Tiger, etc. porque ahí perdemos un montón de dinero en cosas que no necesitamos ni queremos de verdad (pero es que todo está enfocado hacia la venta).

      A mí ahora me gusta mucho darme un tiempo en pausa para pensar si quiero algo de verdad o no. Cuando quiero o necesito algo, fuera de las necesidades básicas de alimentos y aseo, claro, lo que hago es ponerlo en una lista. Dejo pasar el tiempo. Un mes o dos semanas mínimo. Entonces evalúo cómo me siento en ese tiempo. Si de verdad lo necesito y mejoraría mi calidad de vida, o si es prescindible. Así me decido a comprarlo o a pasar.ResponderCancelar

  • Carolina - No me lo puedo creer, me siento totalmente identificada con cómo te sentías cuando ibas a comprar antes :O
    Sin embargo creo que lo mio es caso clínico, porque no me cuesta nada salir sin comprar de las tiendas. Y aun cuando sé que necesito algo, ir a comprarlo me causa un dolor terrible por lo que dices: demasiadas opciones y siempre con el miedo a equivocarme…
    Tendré que empezar a investigar más y disfrutar de ese camino previoResponderCancelar

    • Gemma - Jajaja, a mí no me costaba, pero a veces me tocaba comprar sí o sí y era un trauma. Mi madre alucinaba cuando me tenía que llevar a comprar de pequeña. Te juro que en mi mente esos recuerdos son pésimos, como si hubiera pasado algo malo de verdad XD

      Hace un par de años fui a comprarme un helado y no me decidía por uno (la maldita obsesión de ofrecer mil opciones), como tardaba tanto, la de la tienda me dijo que si era así para todo, nunca me casaría porque no podría decidirme por un tío, JAJAJAJA, el resumen de mi vida.ResponderCancelar

  • Ana - Hola Gemma,
    Mi caso hace unos meses era el que comentabas al principio del post: compraba para satisfacer necesidades. Siempre lo he hecho, desde pequeña, y no me daba cuenta hasta que empecé a poner orden en mi vida, principalmente con el método Konmari. Esto me ha llevado a empezar un camino minimalista que me hace conocerme cada día un poco más.
    Ahora llevo un registro de cuántas veces me viene el impulso consumista a lo largo del mes y estoy muy orgullosa de mi misma, ya que en el mes de mayo sólo me compré una cosa, y era algo que realmente me hizo muy feliz y que pude compartir con mis amigos (y sigo compartiendo): un juego de cartas para las noches de juegos :).
    Definitivamente estoy de acuerdo contigo y el camino minimalista me ha hecho cambiar mi relación con el consumismo, ayudándome a diferenciar la necesidad real de la pseudo-necesidad consumista.ResponderCancelar

    • Gemma - Es que es taaan difícil verlo. No creo que sea nuestra culpa, es algo que desde pequeños vamos a asimilando y claro, cuesta mucho salir de ese círculo vicioso e inconsciente.

      ¡Para mí el método Konmari fue esclarecedor! Empecé a poder analizar mi relación con las cosas y las compras a partir de conocerlo. Es más, me doy cuenta de la cantidad de cosas que tenemos, incluso después de haber hecho limpieza de objetos, sigo viendo que prácticamente no se necesita nada para ser feliz :D

      El juego de cartas me parece una compra fantástica. Práctico, y además sirve para compartir momentos divertidos con personas a las que quieres, es genial.ResponderCancelar

  • Raquel - ¡Buenas! ¡Qué ganas tenía de leerte!
    Yo era de las compradoras compulsivas, más bien. Siempre había comprado mucho, pero por suerte, ya sea por ahorrar, por ser más consciente y por intentar llevar una vida más sencilla y meditada, fui controlando mis compras y ahora hago las necesarias (eso creo) o compro mejor que antes, eso seguro. Es un proceso complicado, sobre todo si ni si quiera te das cuenta de que compras por impulso y no por necesidad. Yo estoy contenta con mi cambio. Imagino que también viene dado por la madurez.
    Un beso =)ResponderCancelar

    • Gemma - Muy complicado, tienes toda la razón. Lo importante es aprender a comprar. Hacerlo con cabeza, porque eso te da muchas más posibilidades que si lo haces por hacer y sin pensarlo. Por ejemplo, no es lo mismo comprar unas sandalias en cualquier tienda de Inditex (por poner un ejemplo que todo el mundo entienda), que te cuestan menos, pero te duran un verano, que tomarte la molestia de buscar unas que sean un poco más caras pero hechas en España o de mejor calidad y tenerlas varios años. Si todos hiciéramos cosas así, nos iría mejor, seguro :)ResponderCancelar

  • Elena - Me alegra mucho leer textos como el tuyo, con el que coincido plenamente. Creo que desde tu blog, que seguro que lee mucha gente, haces una labor muy importante de concienciar sobre estos temas que nos incumben a todos. Vivimos en una sociedad de consumismo insostenible y que además causa infelicidad. Enhorabuena por tu blog y gracias por tomarte la molestia de escribir compartir tus ideas y tus experiencias. Seguro que mueves conciencias y das a mucha gente el impulso necesario para cambiar cosas, o al menos para planteárselas.
    ¡Un saludo!ResponderCancelar

    • Gemma - ¡Muchas gracias, Elena! Yo no tengo claro si pretendo concienciar a los demás o no, pero sí creo que deberíamos promover estas actitudes, sobre todo para que la gente sepa que es posible, que al otro lado del consumismo insostenible hay otro tipo de vida, donde las personas son más felices y sanas :D

      Un abrazo muy grande.ResponderCancelar

  • Laura - Hola Gemma!! me encanta tu blog. Me siento identificada en muchos aspectos. Sin saberlo, creo que llevo siendo minimalista desde siempre, aunque de manera consciente, unos siete años. Con ello descubrí un nuevo yo. Ahora siempre pienso en mejorar mi existencia. Sólo vivo con lo que necesito, me gusta y es práctico en mi vida. Además, ese nuevo enfoque me llevó a interesarme por la cosmética natural, de la que ahora soy fan incondicional, a practicar yoga, he mejorado mi alimentación.. y muchos cambios más. Me siento libre y feliz. Sin ataduras emocionales hacia cosas materiales. Disfruto más de mi tiempo con mi familia y mis adoradas galguitas Maddy y Sombra..
    Un saludo!!ResponderCancelar