Mi historia con el punto (Por qué empecé a tejer)

Mi historia con el punto

Cuando cuento cómo empecé a tejer la gente se sorprende bastante. En mi familia no hay nadie que haga punto o ganchillo. Mi abuela tejía cuando era joven, pero hace unos 30 años o más que no toca unas agujas, y nunca he podido hacer que me hablara sobre las cosas que tejía, ni siquiera cuando me siento con ella en el balcón y me pongo a hacer punto. Tampoco recuerdo haberla visto tejer jamás. El único contacto que he tenido con prendas de punto hechas en casa es el de las mantitas tejidas con restos de lana que aún hay en su salón. Esas mantas me tapaban de pequeña cuando dormía la siesta en su casa. Así que lo de tejer no me viene de familia, ni tan siquiera el interés por aprender.

Desde pequeña he sido una persona creativa y con mucha imaginación. Me gustaba dibujar y pintar, hacer manualidades… igual que con el punto, esto tampoco es algo que me venga de familia. Siempre estaba haciendo cosas. Cuando no eran dibujos, eran pulseras de hilo, cuando no, hacía muñecas de lana. Al principio no veía la relación entre tejer y las manualidades, pero con los años he ido dándome cuenta de que el punto es una actividad súper creativa (jugar con los colores y materiales, combinar técnicas, crear con las manos) y supongo que era cuestión de tiempo que aprendiera a tejer, como una forma de canalizar esa creatividad.

Tenía 18 años cuando compré mi primer par de agujas y un ovillo de lana. A esa edad, había abandonado todas las actividades creativas. La vida, supongo. No puedo decir que fuera una mala persona, porque no me portaba mal ni había tenido una adolescencia complicada (he sido siempre más tonta que otra cosa). Pero claro, como a casi cualquier persona de esa edad lo que me gustaba hacer era salir de fiesta, estar con mis amigos y mi novio, irme de compras y poco más. También trabajaba y tenía bastante independencia económica. Todo muy normal.

Entonces, ¿cómo me dio por aprender a tejer? Un día a principios de otoño estaba sentada en el sofá de casa, pensando en mis cosas, cuando me di cuenta de que la vida tenía que ser algo más. Algo me faltaba y no sabía muy bien qué era ni cómo podía arreglarlo. Pero el caso es que no me sentía feliz. Echaba de menos hacer cosas a mano. Y dibujar o hacer pulseras de hilo claramente no entraba en mis planes. En ese momento vi un anuncio sobre una colección de fascículos sobre tricot y pensé que podía probar a tejer. Esa misma noche empecé a buscar en internet y oh… descubrí el mundo del punto en blogs y foros americanos. Un universo nuevo se abrió ante mis ojos: una manualidad que requería de técnica, en la que se usaba lana (uno de mis materiales favoritos) y encima te podías hacer cualquier cosa que necesitaras. Todo el vocabulario de punto era desconocido para mi, pero me dio lo mismo, yo quería aprender a tejer.

Cómo empecé a tejer

Al día siguiente fui a una mercería y compré unas agujas y un ovillo de lana que me pareció bonito. Ni os digo la cara de alucine que tenía la dependienta cuando le dije lo que quería y la acribillé con miles de preguntas. En mi casa también se quedaron sorprendidos de que me hubiera dado por ahí (imagino que pensaban que probaría y luego se me pasaría). Pero yo busqué vídeos sobre cómo montar puntos, como tejer del derecho y del revés y cómo cerrar puntos. Y ahí que me puse, a veces con más acierto que otras.

A la semana estaba comprando los ovillos para hacer mi primera bufanda. Una bufanda que regalé al chico con el que salía por aquel entonces y que la pobre estaba llena de defectos. Por un lado tenía más puntos, por otro se estrechaba… pero parecía una bufanda y era calentita, jajaja. ¡No sabéis lo que me gustaría conservarla!

Desde entonces han pasado 11 años y yo he seguido tejiendo y aprendiendo por mi cuenta, siempre he sido autodidacta. Si hay algo que puedo decir es que tejer me ha cambiado la vida. Y me ha cambiado a mi. Al año de haber empezado me dejaron de importar muchas cosas y aficiones tontas. El punto te enseña a ser paciente y constante, te enseña concentración y matemáticas. Hace que tu creatividad pueda ser expresada y lo que ha sido más importante en mi camino: te enseña a estar en paz contigo misma y a conocerte mejor. Es una especie de meditación, no puedo describirlo de otra forma. Aunque claro, ¡también hay momentos en los que sólo quieres lanzas las agujas bien lejos! Como añadido, creas cosas con tus manos que dan calor y amor a otras personas, ¿hay algo mejor que eso?

Tejer te hace mejor persona. Te vuelves consciente de la realidad del mundo que te rodea, de lo que significa la artesanía y del valor de lo hecho a mano. Hace que te preocupes más por la naturaleza y en consecuencia, también por el resto de seres humanos. Miras de forma distinta las etiquetas de la ropa que compras y su precio, te preguntas por el origen de las cosas que ves en el supermercado… Podría seguir horas y horas, pero creo que os hacéis una idea :)

Nunca dejaré de hacer punto y ganchillo, lo tengo clarísimo. Puede estar de moda o considerarse algo anticuado, me da igual. Y nunca dejaré de recomendar a todo el mundo que aprenda a tejer. Aunque sólo sea por un tiempo, aunque no se convierta en tu súper poder, pruébalo.

¿Cómo y por qué empezasteis a tejer o hacer ganchillo? ¿Coincidimos en las cosas que nos aporta?

Me llamo Gemma y soy una apasionada del craft y de la vida simple. En Wasel Wasel encontrarás inspiración para tus proyectos de punto, organización con el sistema bullet journal y mis aventuras en el mundo del minimalismo.

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