El peligro de ser demasiado productivo

El peligro de ser demasiado productivo

Me gusta organizarme bien. Me gusta acostarme por la noche y ya en la cama pensar que he conseguido hacer montones de cosas durante el día. Y por supuesto, creo que hay que intentar ser lo más productivo posible. Hasta hace bien poco pensaba que ser productiva iba directamente asociado con la cantidad de cosas que pudiera hacer en un día, pero estaba muy equivocada. No por hacer más lo haces mejor. A veces hacer y hacer sólo te lleva al agotamiento, mental y físico.

Vamos a remontarnos hasta el mes de febrero, cuando me quedé soltera. De repente tenía mucho más tiempo libre, unas cuantas horas al día en las que no tenía que estar pendiente de nadie más que de mí misma. Ya no tenía que prepararme y organizarme el trabajo en previsión de un viaje. Y como a mí me encanta pasar tiempo a solas y disfrutar de mis cosas con calma, pensaba con mucho gusto en que emplearía ese recién estrenado tiempo libre extendido. En mi mente aparecían toda clase de planes como apuntarme a algún curso, o leer muchísimos libros, o dar más paseos con la bici.

Uno de esos días, terminé de hacer todo lo que estaba en mi lista para esa jornada. Tenía tiempo libre desde ese momento hasta que me fuera a la cama. Y de repente una idea se coló en mi cabeza: ¿y si en vez de descansar o ponerme a tejer hago dos o tres cosas más? Y las hice. Dejé de lado la idea de tener tiempo libre ese día y seguí trabajando. No me preguntéis cómo pasó, pero desde ese momento, todos los días que vinieron a continuación hice lo mismo. Siempre trabajando. Desde que me levantaba hasta que me acostaba. ¿Fines de semana? ¿Un día libre, al menos? De eso nada, a trabajar, hay que ser más productiva. Y como siempre hay cosas por hacer (porque SIEMPRE hay algo por hacer, es inevitable), llené todo mi tiempo con trabajo. Mi meta diaria era hacer más y más cosas que el día anterior, cuando por las noches me metía en la cama, estaba tan agotada que me dormía en segundos.

Si me llamaban para hacer algo siempre decía que no podía porque tenía mucho trabajo, era como una especie de respuesta automática. Y ojo, estaba súper orgullosa de estar tan centrada en lo que quería. De lo que no me había dado cuenta es de que todo esto lo hacía para mantener mi cabeza ocupada, para no pensar, para que nada me doliera. Y se me había olvidado que tener tiempo libre de calidad es igual de importante que trabajar, o incluso más. Parece una contradicción, pero cuanto más trabajaba sin darme un respiro, menos productiva era. Se me empezaron a agotar las fuerzas y eso repercutía directamente en cómo veía las cosas, en mi creatividad. Cuanto más cansada estaba, más me empeñaba en seguir. Me di cuenta de lo que estaba haciendo gracias a uno de los capítulos de El Camino Del Artista, y me sentí una idiota. Es que me costaba hasta pensar, porque en mi cabeza sólo existía la palabra trabajo, trabajo, trabajo.

Trabajar 24 horas no te hace más productiva. No te hace estar más preparada. No te hace mejor que aquellos que se toman tiempo libre. En serio, no quieras hacer siempre más y desconfía de los que te venden la productividad como algo que te hará llegar a todo. Que tu meta del día no sea tachar todo lo que hay en tu lista de tareas por hacer. Ser productivo de esta forma es peligroso, te lo digo por experiencia. ¿No llegas a hacer todo lo que querías acabar hoy? Pues ya lo harás mañana, el mundo no se va a terminar.

Y ahora estoy aprendiendo a disfrutar de nuevo de no hacer nada. A veces en el sentido estricto de la expresión, otras disfruto de mis aficiones. Sin remordimientos. ¿Podría estar haciendo X cosa de trabajo en vez de estar tejiendo? Seguro, pero no es imprescindible. Es más importante pasar este tiempo haciendo punto. Lo más difícil que he hecho desde que me di cuenta de que estaba matando mi productividad y creatividad, es quedarme una hora sin hacer absolutamente nada. ¡Es muy difícil no hacer nada de forma consciente! Me tumbé en el sofá mirando al techo y sentía que se me estaba escapando la vida. Pero luego empecé a cogerle el gusto a eso de contemplar la existencia con calma. Es súper importante poder estar sin hacer nada, simplemente estando presente en el momento.

A veces hacer menos cosas es necesario (y prioritario para tu salud mental). No te levantes y llenes la agenda de tareas. Apunta sólo aquello que tienes que hacer sí o sí, y deja que el resto de cosas sucedan solas. No quieras llenar todo tu tiempo libre con alguna tarea más. Cuando me levanto por la mañana pienso qué tareas son imprescindibles, e intento que no sean más de tres. Dependiendo del tiempo y la dificultad de esas tareas, añado alguna cosa más por hacer, pero sabiendo que no es urgente y que se puede quedar pendiente para otro día. Si al final te sobra tiempo cuando estás trabajando, podrás llenarlo con algo, seguro.

Ya no me quedo trabajando hasta que me acuesto, ahora tengo como norma terminar a las seis o siete de la tarde y apago el ordenador para no tener distracciones. El resto del día lo dedico a otras cosas que me gustan, a mis aficiones, y eso me hace también ser productiva, pero de otra forma mucho más enriquecedora. Gracias a este tiempo libre mi creatividad se ha disparado y no dejo de tener nuevas ideas. Los viernes salgo a comer y paso parte de la tarde fuera. ¡Hasta me compré por fin un longboard y salgo a practicar con él! Los sábados intento tomarme el día libre (aunque a veces alguna cosilla tengo que hacer sí o sí). El 99% de las veces digo sí a los planes que me proponen. Estoy aprendiendo a gestionar mi tiempo libre, como si fuera una niña pequeña.

La productividad no está directamente ligada a la cantidad de cosas que puedes hacer durante el día, si no a hacer lo que tienes que hacer de la forma más óptima, para poder tener la mayor cantidad de tiempo libre posible :)

Me llamo Gemma y soy una apasionada del craft y de la vida simple. En Wasel Wasel encontrarás inspiración para tus proyectos de punto, organización con el sistema bullet journal y mis aventuras en el mundo del minimalismo.

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